Sin voz. Hazme callar con un beso o un grito, según la distancia que nos separe. También con mentiras vanas, diamantes falsos, flores de plástico, cuchillos afilados, puñaladas traperas, disparos a bocajarro…
En fin, mejor lo dejamos que entre tantas palabras calladas y silencio obligados parece que la sangre va a llegar al río.
Sin voto. Democracia ficticia y decadente donde unos votan para que otros decidan, principio de autarquía dónde no gana ni el mejor ni quién lo merece. Decisiones que debería tomar uno mismo las toman aquellos, ellos.
Dispara a la democracia y apuñala las voces.
Compra votos y vende silencios.
Pero…¿De qué hablábamos? ¿Era de política, o quizás de amor?
Tampoco importa en exceso ya que según dicen todo vale tanto en lo uno como en lo otro; y aquí todos pecamos por omisión.
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