martes 10 de mayo de 2011

Una de cal y dos de arena

Deja caer las palabras como bombas sobre Hiroshima, con resultados similares: destrucción y caos. Ante todo y sobre todo caos.
Confusión; la de una veleta cuando el viento sopla cada instante en una dirección aleatoria, según antojo de una divinidad que se aburre y encuentra en la tortura un morboso placer.
Placer similar al de los dioses griegos jugando con mortales, llevándolos de paseo por el Hades para al final dejarles sin el objeto de sus deseos o haciéndoles superar pruebas y viajes eternos, y estúpidos, para al final condenarles a la más vulgar y anónima de las muertes.
Por que, sintiéndolo mucho, todo se reduce a eso: un juego. Juego morboso con el fin de obtener placer o, si todo sale mal y se pone feo, al menos entretenimiento temporal. Que siempre es mejor que nada. Una de cal y dos de arena, por esto de la igualdad de condiciones en una partida que ya desde el principio tenia reglas parciales.

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