
Siempre fui chica de frío. De temperaturas heladas, de manos congeladas y labios morados por el frío. De jugar con el vahó que escapa de la boca al respirar o reír.
Jamás pensé en abrasarme en las llamas de la combustión espontánea. Debe eso de venir al sur, al sur del sur, donde todo se pega incluyendo el calor.
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